"Tan joven"

Hace mucho tiempo que aprendí a valerme por mi mismo, de preparame la comida, el desayuno para mí y para ella y llevárselo a la cama.
Se levantó tarde, como siempre, tenía puesto el camisón negro, era el que más lindo le quedaba, con su cabellera rubia despeinada, el maquillaje corrido, pero que hermosa que era, cualquier cosa le sentaba bien.
Entró a la cocina y me pidió un café, “bien cargado” me dijo, “ayer tuve una noche muy pesada, me duele demasiado la cabeza”. Tomé la taza azul y le serví una buena cantidad. Canela bebió de un golpe su contenido, como si eso la ayudaría a lidiar con lo que más tarde le esperaba tras la puerta. Abrió una de las puertas de la alacena y del último estante extrajo el recipiente de galletitas, quitó la tapa y sacó una botella pequeña, tenía un líquido transparente “vodka” decía en la etiqueta, tomó un buen trago y la volvió a guardar.
Me acarició la cara mientras decía suspirando “te amo tanto, mi amor, sé que algún día comprenderas por qué lo hago”. Me pidió que le preparara un baño de burbujas con algunas velas y que le planchara la ropa que había dejado sobre la cama.
Estuvo más de media hora dentro del agua, me asusté y fui a verla, se había quedado dormida. Ya no sabía que hacer para ayudarla. Cada noche antes de acostarme rezaba para que se diera cuenta lo mal que hace, lo mal que me hace, lo mal que se hace a ella misma o para que por lo menos volviera a mí.
La desperté diciéndole que el almuerzo estaba listo, ella se incorporó, sus ojos estaban rojos como el fuego. Le alcancé una toalla y salí del baño. A los poco minutos Canela volvió a la cocina y me preguntó mientras giraba: “¿qué tal estoy?” “hermosa, como siempre” y la besé en la mano.
Terminamos de comer, tomó su cartera y salió por la puerta principal.
Mientras lavaba los platos le pedía a Dios que la ayude a encontrar su camino, ya estaba fuera de mi alcance el poder darle una mano. Hice mi tarea pero miraba constantemente el reloj, hice las camas, prendí la tele, traté de concentrarme en otras cosas sin embargo mi cabeza estaba en otro lado. El sol ya se había escondido y Canela no aparecía, eran las once de la noche. No me llamó para avisarme que se iba a retrasar, yo no podía ir a buscarla ella me lo había prohibido, además cómo saber dónde iba a estar; su trabajo era inconstante podía estar en la calle o en algún hotel, o quizás alguno de esos idiotas la lastimó y quedó tirada en algún rincón, herida, sin nadie quien la ayude.
No podía soportar más esa angustia, tomé mi campera y las llaves y me dispuse a salir a buscarla. Abrí la puerta y la ví sentada en el cordón de la vereda. Giró su cabeza, la luna iluminó casi por completo su rostro, esataba ensangrentado y tenía un de sus ojos hinchado y morado.
Me acerqué y la abracé, “yo te lo dije mami, no podés seguir con esto, mirá como te dejaron…”. Ella se apoyó en mi pecho, ya no tenía fuerzas, la tomé en brazos y la llevé adentro, le curé como pude las heridas y la acosté en la cama, yo me recosté a su lado.
Me desperté a la mañana siguiente, le acaricié la cara, la noté algo fría, le tomé el pulso pero no se lo encontré, tampoco respiraba. Sollozando le dije “por lo menos al fin encontraste tu camino”.

Comentarios

  1. muy bueno !! la verdad que muy bueno !!! me gusta de los temas que hablas... segui asi y no te rindas nunca.... me encanta el diseño de tu blog... muchos exitos de todo corazon !! ;)

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  2. Gracias agos!
    espero un capitulo tuyo pronto!! :)
    besos!

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  3. Wow Luchi!
    Me gusta mucho!
    Acuerdo con Agos al decirte que los temas que hablas son realmente interesantes!
    Sigue asi...

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