Recuerdos perfectos

Confieso que mi idea del amor fue siempre de lo más empalagosa, creo nunca me había enamorado de verdad, a pesar de que todas las veces que empezaba a salir con alguien estaba completamente segura de que lo estaba y en cada pequeño resquicio de esperanza por parte del sexo opuesto ya casi tenía los nombres de nuestros hijos, era la pesadilla de todo hombre. En esa búsqueda fue que conocí a Pedro, comenzamos con una relación de lo más apasionante y sin compromisos, pero solo era eso, lo quería muchísimo y me conocía tal cual era, pero con el paso del tiempo decidimos que lo mejor era ser amigos y desde ese momento fuimos los mejores amigos. Yo mas bien buscaba un amor incondicional, a prueba de todo, ese flechazo tan sublime que te quita el aliento y el sueño, que te hace dejar todo por el otro, un amor perfecto y con Pedro no tenia eso.
Pero bueno, había llegado a un momento en mi vida en que la esperanza de encontrar alguien asi era cada vez más diminuta y simplemente desistí; decidí concentrarme en mi trabajo y en divertirme con mis amigos, ya no buscaba en cada rostro masculino al hombre de mi vida.
Una tarde (casi de noche) estaba en el bar de siempre con las chicas de la oficina y Pedro, él siempre se prendía, imagine que era porque le gustaba alguna de ellas pero después me confesó que no soportaba a ninguna, quizá se sentía solo. Estábamos disfrutando de una de sus tantas anécdotas, matándonos de la risa, cuando lo vi entrar, hermoso hasta las pestañas, ojos café, pelo castaño, un rostro tan perfecto que hizo que me olvidara de respirar por unos momentos, me di cuenta que me faltaba el aire cuando comencé a marearme y me percaté que él tambien me habia notado e inmediatamente desvié la mirada, “Clara, basta, es asi como empieza todo”, escuche en mi cabeza con la voz de Pedro y bebí un buen trago de cerveza. Las mejillas me ardían.
Intenté evitar aquel lugar, tambien intente persuadir al grupo de cambiar de lugar, pero a las chicas les gustaba y ademas insistían tanto, Pedro habia dicho que ya no quería ir más y no seria lo mismo, sin sus chistes y su manera tan tosca de decirte las cosas…
Al final me ganaron por cansancio, ademas seguro me habia imaginado que me estaba mirando, si, seguro, alguien con semejante facha no se podia fijar en mi. Asi que como todos los viernes entramos al bar y alli estaba, sentado en la misma mesa, lo miré de soslayo mientras pasaba y vi claramente la manera en que me miró, esbocé una sonrisa tímida, casi involuntaria y parecía como que él quería hacer lo mismo pero a los pocos segundos apareció Pedro, me tomó de la mano y casi me llevó flameando hasta la mesa. Igualmente eso no quitó que intercambiáramos miradas toda la noche hasta el momento que tuve que levantarme para ir al baño, cuando salí de alli lo encontré parado al lado de la puerta, me sonrió y se acercó a mi.
- Hola, ¿te gustaría acompañarme? – me dijo suavemente, me obligué a decir que no, no podia caer de nuevo…
- No puedo, mis amigos me estan esperando…
- No creo que tus amigas tengan mucho problema… - divisé la mesa donde estaba sentada, todas las chicas me estaban sonriendo con el pulgar hacia arriba, mientras Pedro con el ceño fruncido miraba hacia el otro lado, “son cuatro contra uno”, pensé y acepte.
Me llevo hasta su mesa, me corrió la silla para que me sentara y luego se sentó él.
- Creo que a tu amigo no le gusta nada que estés aca conmigo – desvié la mirada hacia Pedro, en el otro extremo del bar, su rostro habia endurecido. No lo pude entender entonces, quizás era porque lo habia dejado solo con las chicas, otra cosa no podia ser, el estaba conforme cuando habíamos decidido ser solo amigos, “Me asfixias Clara”, “con esa actitud empalagosa no vas a retener a nadie…”
Las semanas pasaron y nos seguimos viendo, todo parecía tan irreal, como sacado de un cuento, era tal cual lo habia soñado, con el flechazo incluido, era demasiado perfecto… Pero me preocupaba Pedro, ya no contestaba mis llamadas, los mensajes de texto me los respondía con un “Estoy bien, gracias”. Lo extrañaba demasiado y me canse de esperar su respuesta, fui hasta su casa decidida a obtener una explicación, toque varias veces el timbre pero no salía, me senté en el umbral de la entrada, en algun momento tenia que aparecer. Le envié otro mensaje “Estoy aca abajo y no me voy a mover hasta que vengas”, a lo que me respondió “Deberías ir a tu casa, esta haciendo frió y no voy a bajar”
No se cuanto tiempo espere, pero se me hizo eterno, no quería irme pero de verdad hacia mucho frio; de pronto escuche las llaves moverse dentro de la cerradura y apareció Pedro sosteniendo una taza humeante de café, inmediatamente me levante a abrazarlo, él se apartó y me entregó la taza
- ¿Todavia no lo entendes? No te quiero mas cerca mío, estas tan metida con ese pibe… ¿no te das cuenta que seguís haciendo lo mismo siempre? Tenes esa actitud de nena de quince años y tenes veintiséis! Y encima seguís leyendo esas novelitas de vampiros y amores perfectos, ¡eso no existe! Yo creo que es hora de madures un poco Clara, con esa actitud lo único que vas a conseguir es salir herida ¿y quien recoge los pedazos después?... El boludo de Pedro y la verdad me canse de hacerlo.
Por mas que me lo repitiera siempre con esa misma dureza, todas las veces lograba hacerme llorar, porque de cierta forma tenia razón, pero ¿Por qué tenia que decirlo de ese modo? Aun permanecía parada, con la taza en una mano y el abrazo vacío en la otra, ya no podia ver de tanto llorar, cerré los ojos y me apoye contra una pared, mientras sin pensarlo una serie de recuerdos acudieron a mi mente y sentí una ola de calidez sobre mi cabeza. Y entonces Pedro, con esa aspereza con la que te arroja siempre las palabras, completo mi recuerdo con las imágenes verdaderas; él mirándome con rencor desde el otro lado del bar, él haciéndome cosquillas mientras hablaba por teléfono con Rodrigo, él con las manos temblorosas mientras decidíamos ser amigos, él yendo a buscarme casi todos los dias al trabajo, él saliendo conmigo y mis amigas… No necesité una palabra más, por más dura que fuera. Me refregué los ojos, tenia que ver su expresión cuando le dijera todo.
- Ya sé lo que te pasa – le dije mientras intentaba tomarle la mano
- No tenés idea de lo que me pasa y deja de llorar porque la verdad es patético en una mujer de tu edad…
Dio media vuelta y a mitad de camino se detuvo, tenia las manos cerradas en un puño. Se acercó con paso decidido hacia mi, di unos pasos hacia atrás hasta que choque con la pared, Pedro coloco su mano en mi nuca y volví a sentir esa calidez que habia sentido segundos atrás sobre mi cabeza, se agacho un poco para estar a mi altura y me besó como nunca lo habia hecho antes. No pude detenerlo, no quise hacerlo tampoco, aun pensando en Rodrigo, en su hermosura y su caballerosidad, ese beso tenía algo más, algo que hasta ese momento no habia sentido con nadie.
- No me importa si ya tenés los nombres para nuestros hijos – me dijo mientras me miraba directo a los ojos y sostenía mi rostro entre sus manos. Me tomo entre sus brazos para que entrara con él y luego cerró la puerta.

Comentarios

  1. La verdad, es que me encanto.
    Eres muy buena escritora, sabes mucho de palabras.
    Y lo que dices es muy cierto, el amor te encuentra no tu a el.
    Besitos linda!

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  2. Gracias!!! :)
    la vdd me hace muy bien recibir este tipo de comentarios, me ayudan a sguir adelante con mas cuentos!
    gracias! besos!

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