jueves, 1 de diciembre de 2011

"Cristobal y la reina"

Es la segunda semana que tenemos dos horas libres, ya que casi cada dos meses cambian al profesor de Historia, nadie sabe por que, es como si le hubiera alguna maldición en aquel puesto. En eso entra la preceptora y detrás de ella iba un hombre, llevaba puesto un traje y una corbata roja, tendria unos veintipico; todas se quedaron calladas cuando entro, el hizo un paneo de todo el aula y se detuvo en mi, me miro fijamente a los ojos y luego desvió la mirada, me estremecí.

Cada vez que pasaba lista, se detenía en mi nombre “Ledo Sofía” y sentía como que saboreaba cada letra y luego veía sus ojos castaños brillar, cada vez que se paseaba por el aula mientras tomaba alguna prueba o estabamos haciendo algun trabajo, pasaba por mi lado y me rozaba el brazo, el calor en mi era cada vez mas intenso. Yo buscaba siempre excusas para acercarme a su escritorio y oler su exquisito perfume que me volvía loca, tocarle las manos sin querer y cada vez enrollaba mas la pollera del uniforme dejando ver cada día un poquito más.
Varias semanas despues no aguante más los roces y las indirectas y me quede despues de hora…
- ¿Profesor? – dije acercándome cada vez mas a el.
- Si, srta. Ledo ¿Hay algo que no le quedo claro de la clase de hoy?
- Si… en la pagina 24 del libro – dije mientras la distancia entre los dos era casi nula – No entiendo por que a Colón le costó tanto convencer a la reina, yo creo que ella estaba completamente convencida, no entiendo por que dio tantas vueltas con las demostraciones y eso y no fue directo a la cuestión – lentamente levante la mirada del libro y lo vi directo a los ojos
- Yo creo que Colón tenia miedo al rechazo… - dijo mientras de a poco acercaba su mano a la mía
- Y yo creo que Colón no tendria que haber tenido miedo – deje sobre el escritorio un papel cuidadosamente doblado y me fui
Le dije a mamá que me iba a juntar con unas compañeras a terminar un trabajo practico y a las siete me fui hasta el bar, me senté en una mesas del fondo; por un momento pensé que se habia arrepentido, pero media hora mas tarde lo vi entrar, llevaba puesta su corbata roja y al verme sonrió.
- Me parece que estamos haciendo mal, Sofía… nos pueden descubrir y me pueden echar – dijo sin siquiera terminar de sentarse, amago con irse pero lo tome de la mano a tiempo y sentí como cada centímetro de mi piel se erizaba y un calor que viajaba desde mis pies hasta mi cabeza y ahí explotaba.
Nos miramos a los ojos y de nuestras miradas emanaba el mismo deseo, el paso su mano por mi brazo y me susurro algo al oído, dejamos un billete sobre la mesa y nos fuimos.
Y ahí estaba yo, con mis 17 años recien cumplidos, en una habitación iluminada con una luz roja y ahí estaba el, mi profesor de Historia, con sus 25 años, los dos sentados en la cama, nerviosos, pero ansiando que llegue el momento. Desabotono mi camisa y yo le quite su corbata, dejamos de ser alumna y profesor cuando mi uniforme y su traje quedaron en el suelo. Nuestra piel hervía y los latidos eran cada vez más fuertes. Pase mi mano por su pecho y dibuje con mis dedos cada abdominal, el me besó, sus labios ardían en cada parte de mi cuerpo. No sentí dolor, sabia que deberia dolerme, pero el deseo no me dejo sentir más que sus manos, sus labios y todo su cuerpo contra el mío. Su vaivén y su calor entre mis piernas me llevo al cielo.
Me desperté con los primeros rayos de sol, me di vuelta en la cama, el aún estaba alli y me estremecí recordando la noche anterior; minutos mas tarde me incorpore sobresaltada repitiendo a toda voz “¡Mi mamá me va a matar!”

Luciana 26/11/09

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